Recientemente los medios han recogido un estudio de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) que señala que la productividad total en España ha retrocedido un 7,3% en lo que va de siglo, mientras que otros países desarrollados ha crecido a dos dígitos. Este dato es una mala noticia pues pone de manifiesto la pérdida de competitividad de nuestro sistema productivo.

Las causas señaladas de este retroceso son diversas, y no todas ellas afectan al factor humano: los excesos de capacidad en activos inmobiliarios, la falta de inversión en activos intangibles (ocupamos la última posición de nuestro entorno), el retraso en reformas estructurales que dinamicen los mercados…

De hecho, si se toma la productividad del trabajo de una manera aislada de la productividad del capital, la gráfica muestra un leve crecimiento:

Las causas que se indican de esta modesta evolución no son recientes de este siglo: el sistema educativo, la temporalidad, el nivel de empleo cada vez menos cualificado, modelos de gestión poco profesionalizados… ¿Lo que llama poderosamente la atención en el gráfico anterior es el fuerte crecimiento de la productividad entre 2009 y 2012? Tal vez la respuesta la encontremos en el siguiente gráfico:

Desde 2012/2013 la tendencia de productividad se queda prácticamente plana, coincidiendo con la fuerte reducción de los ajustes colectivos de empleo. ¿Y qué pasó en 2012? Pues nada más y menos que la importante reforma laboral que apostó por un modelo de negociación colectiva cercano a la realidad productiva de cada empresa y sector, entre otras en cuestiones la flexibilidad en las organizaciones, tanto interna como externa.

Y esto es precisamente lo que Antonio Garamendi, Presidente de la CEOE, aboga en el polémico asunto de la reducción de la jornada laboral, al reclamar al Gobierno que deje negociar dicha reducción del tiempo de trabajo a los empresarios y a los sindicatos en solitario, sin que el Ejecutivo marque dichas conversaciones. De hecho, Garamendi se ha mostrado a favor de recortar la jornada laboral, pero solo en el ámbito bipartito.

El débil crecimiento en España de la productividad del trabajo (0,7% anual frente al 1,1% que registra la UE), nos deja poco margen a equivocarnos. El retroceso en la productividad que se va a producir por una reducción de jornada “indiscriminada” va a provocar que las empresas se vean en la necesidad de tener que adoptar nuevas medidas para recuperarse, y está claro que las más efectivas son los ajustes colectivos de empleo.

Tendremos que seguir los magníficos trabajos del Observatorio de la Productividad y la Competitividad en España (OPCE) que la Fundación BBVA y el Ivie han puesto en marcha.

 

Román Merino Frías

Socio Director

REINFORCE ADVISORS GROUP